«A la luz de la hora del juicio, la gracia de ser cristiano se vuelve más clara para mí»
Hoy (31.12.22) partió a la casa del Padre nuestro querido y amado Papa Benedicto XVI. Tuvo una larga vida, tenía 95 años y él no lo esperaba, así lo expresó en alguna ocasión, pero Dios en su misericordia tenía otros planes.
Su nombre de bautismo era Joseph Aloisius Ratzinger, nacido en Marktl, Alemania el 16 de abril de 1927, sus padres eran Joseph y Maria, tenía un hermano llamado Georg que también era sacerdote y una hermana llamada Maria (igual que su madre) que quedó a su servicio cuando él fue nombrado Papa. Georg y Maria murieron, solo quedaba él y que hoy fue llamado a la casa del Padre.
Fue el Papa número 265 y estuvo a cargo de la barca de Pedro por un periodo de 8 años (19.04.2005 al 28.02.2013) y el 2013 sorprendió al mundo con su renuncia, ¡una renuncia histórica! una renuncia debido a la pérdida de fuerzas físicas para afrontar tan grande misión que Dios le encomendó, pero intelectualmente estuvo lúcido hasta el último instante de su vida.

Su vida fue una auténtica búsqueda de lo divino, un camino interior profundo como lo expresó en el prólogo de su libro Jesús de Nazaret: “Este libro sobre Jesús, cuya primera parte se publica, es fruto de un largo camino interior” y al final dirá: “Como he dicho al comienzo de este prólogo, el camino interior que me ha llevado a este libro ha sido largo… Dado que no sé hasta cuándo dispondré de tiempo y fuerzas…” Palabras referidas a su obra, pero que bien expresan su pensamiento y su decisión posterior.
El mundo no puede comprender la magnitud de esta renuncia; los poderosos se aferran a sus cargos y hacen todo para mantenerse en el poder, el Papa Benedicto XVI fue en la dirección opuesta, prescindir de los destellos que su autoridad le otorgaba para luego vivir recluido en el silencio del Monasterio Mater Ecclesiae en el interior de los aposentos vaticanos con un gran respeto y servicio hacia el Papa Francisco.

El Papa Francisco conocía bien el tesoro que tenía muy cerca y decía del Papa emérito: es como tener un abuelo en casa.
Se nos fue el Papa y el abuelo.
Deja una honda tristeza, sobre todo en quienes hemos amado y amamos su prolífica personalidad, su amor a la iglesia y por sus grandes obras literarias.
Me podría aventurar en afirmar que esta generación ha conocido a un “ gran Doctor de la Iglesia” (es una afirmación personal, no una verdad magisterial, aunque el Cardenal Müller ya lo considera así) de esos excelsos hombres y mujeres que tuvo la iglesia y que los lleva en su memoria por el gran aporte a la iglesia a través de sus escritos. Una lucidez intelectual como no habíamos conocido, un insigne apologeta que supo expresar su sabiduría a través de sus obras que quedarán como textos de consulta obligatoria para ésta y las futuras generaciones.
¡Benedicto XVI no morirá! Alguno dirá, ¿no ves que acaba de morir? Si, es verdad, pero en verdad el cristiano no muere, veamos lo que dice San Pablo en 1 Cor 15,51-53:
“Les voy a revelar un gran misterio: No todos vamos a morir, pero todos seremos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final – porque esto sucederá – los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados».
Mucho se podría decir del Papa Benedicto XVI pero tan solo mencionaré su amor por la verdad, la oración, la liturgia y su incansable lucha contra el relativismo. En estos tiempos turbulentos, él es una luz de esperanza y un faro de la verdad católica.
Fue acusado de haber encubierto algunos abusos sexuales cuando era Arzobispo de Munich, sus detractores querían colocar en la silla del acusado a un Papa, querían juzgarlo y hallarlo culpable, sería una victoria sin precedentes, habrían juzgado no solo al Papa, habrían juzgado a la Iglesia católica y sepultarlo definitivamente para que no tenga voz ni presencia en esta sociedad que ha negado a Dios y así implantar una sociedad atea, pero no pudieron ya que él nunca encubrió dichos abusos.

En una carta publicada el 6 de febrero de 2022 el Papa emérito Benedicto XVI en parte expresaba lo siguiente:
“Como en aquellos encuentros, una vez más no puedo más que expresar a todas las víctimas de abusos sexuales mi profunda vergüenza, mi profundo dolor y mi sentido pedido de perdón. He tenido grandes responsabilidades en la Iglesia Católica. Tanto mayor es mi dolor por los abusos y los errores ocurridos en esos diferentes lugares durante el tiempo de mi mandato. Cada caso individual de abuso sexual es espantoso e irreparable”.
Y al final de la carta nos dejó este hermoso testimonio:
“Muy pronto me encontraré ante el juez final de mi vida. Aunque, al recordar mi larga vida, puedo tener muchos motivos para temer y temblar, no obstante, estoy de buen ánimo, porque confío firmemente en que el Señor no es sólo el juez justo, sino también el amigo y el hermano que Él mismo ya ha sufrido por mis defectos, y por lo tanto es también mi abogado, mi «Paráclito». A la luz de la hora del juicio, la gracia de ser cristiano se vuelve más clara para mí. Me concede el conocimiento y, de hecho, la amistad con el juez de mi vida, y así me permite atravesar confiadamente la puerta oscura de la muerte. A este respecto, recuerdo constantemente lo que Juan nos dice al comienzo del Apocalipsis: ve al Hijo del hombre en toda su grandeza y cae a sus pies como muerto. Sin embargo, él, poniendo su mano derecha sobre él, le dice: “¡No tengas miedo! Soy yo…” (cf.Apocalipsis 1:12-17).
Descansa en paz y que nuestro Dios misericordioso te reciba en sus brazos, hasta pronto querido Papa Benedicto XVI.


🙏🏼 Amén 😢.