La educación y la formación
Cuando hablamos de escuela, el imaginario automáticamente nos lleva a ese lugar físico por el que todos algún día pasamos y que es parte fundamental de nuestra formación humana.
Hablar de escuela es hablar de educación, hablar de educación es hablar de formación y hablar de formación es hablar de procesos más o menos largos que involucran gran parte de nuestras vidas. Es más, podríamos afirmar que la formación nunca termina; ya que siempre hay algo nuevo por aprender y más ahora que la información y los adelantos tecnológicos corren a una velocidad impresionante.
La educación es absolutamente necesaria para el desarrollo de un país.
Una nación que no presta atención a la educación está destinada al fracaso y al subdesarrollo. Existen varios ejemplos de ello. Esto sucede con la educación regular que uno recibe desde pequeño, pero, ¿qué sucede con la formación que uno debe recibir de su fe? ¿tiene algo de parecido con la formación para la vida que recibimos como parte de las políticas educativas en nuestro país?
¿Qué sucede con la formación evangelizadora en la Iglesia?
En principio, podríamos afirmar que en la Iglesia cada bautizado es formado en su fe a través de un proceso denominado catequesis post bautismal que va desde el sacramento de la Comunión hasta el sacramento de la confirmación y para quienes van un poco atrasaditos y ya son grandecitos el proceso se simplifica con los sacramentos de la iniciación cristiana de adultos.

Un proceso que generalmente dura un año y que concluye con una hermosa celebración eucarística.
Hasta aquí todo bien y podríamos afirmar que el proceso formativo está completo. Así una gran mayoría de católicos piensa que todo terminó y muchos jóvenes piensan que por fin ya no irán a la parroquia a aburrirse de las catequesis de confirmación.
Tal vez más de uno no coincidirá con la última afirmación por ser demasiado pesimista.
Pero, si no fuese el caso ¿Por qué las parroquias no están llenas de vocaciones? Si es tan buena la formación que se brinda, ¿Por qué la gente no vuelve a su parroquia? ¿Por qué los domingos las misas no están a rebosar? ¿Por qué las parroquias (casi) siempre se quedan con los mismos catequistas y/o formadores?
Como verán, son muchas las interrogantes que surgen a la hora de analizar la eficacia en la formación de los sacramentos.
A este paso es casi seguro que de acá a cien años habrá menos católicos, sobre todo porque el nivel de bienestar aumentará considerablemente y aquellos que no tenían fe o lo tenían en un estado inferior serán presas de una cultura que los devorará, así como está sucediendo en la actualidad.
Por eso, se hace necesario iniciar procesos formativos serios y a largo plazo, lo cual ciertamente (casi) no se ve en nuestra Iglesia local, pero por supuesto este presupuesto necesita otro análisis que lo dejo para un próximo artículo.
¿Qué podemos hacer en la Iglesia para superarar este déficit formativo?
Una escuela es un lugar de formación que involucra procesos y “Salvados en Esperanza” quiere ser un aporte, ser una escuela de evangelización que se tome en serio los procesos.
Para ello tenemos la experiencia de más de veinticinco años de labor evangelizadora que hoy queremos poner al servicio de nuestra iglesia local con una proyección internacional que las nuevas tecnologías digitales nos ofrecen.
Nuestra propuesta de evangelización para la Iglesia de hoy
Iniciar procesos no es tarea sencilla, pero urge en la Iglesia hoy. Los procesos no se dan de la noche a la mañana, requieren tiempo, a veces más de lo previsto.
Recientemente participé de una reunión con el obispo donde estaban las fuerzas vivas de nuestra iglesia local. Quedé perplejo ante el planteamiento de un programa pastoral totalmente desvinculado de la evangelización, ni que decir de los procesos formativos.
Siempre es más sencillo pensar hacia adentro (ad intra) donde están nuestras seguridades que pensar hacia afuera (ad extra) donde están nuestras inseguridades, miedos y debilidades.
Es más fácil y sencillo trabajar con quienes ya conoces y te puedes apoyar que con alguien que no conoces y no sabes siquiera donde está, ésa es la evangelización.

¿Quiénes necesitan de Dios: los sanos o los enfermos? Es muy fácil encontrarse con esta dicotomía en el interior de nuestra iglesia local y casi siempre dirigimos los “pequeños” esfuerzos “evangelizadores” a los sanos, en tanto que los enfermos (quienes aún no conocen a Cristo) siempre quedan al margen.
Es porque exigen tiempo y eso no lo tenemos. Las cosas las queremos ya, como todo en la vida, pero como iglesia no podemos caer en esta y otras tentaciones que el Papa Francisco denuncia en la Evangelii Gaudium (76-109)
Iniciar procesos es embarcarse en aguas profundas, pero también es embarrarse en el camino, porque las cosas no te saldrán a la primera así como te las imaginas y muchas veces será necesario dar un paso atrás, para luego dar dos pasos hacia adelante.
La formación de nuestra escuela de evangelización no ha sido sencilla y pienso que más adelante tampoco lo será.
La historia es testigo del surgimiento de grandes obras de evangelización de la mano de sus iniciadores, muchas veces incomprendidos por la propia Iglesia.
Nada más pensemos lo que tuvo que pasar San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, etc. Es verdad, no somos comparables con tan prolijos hijos de Dios, sin embargo necesitamos motivadores y estos personajes son un gran ejemplo a seguir.
Nuestra escuela de evangelización seguirá un proceso formativo jalonado por etapas como muestra el siguiente esquema:
Discipulado – apostolado – liderazgo
Necesitamos líderes sí, que necesariamente deben pasar por el discipulado y el apostolado.

Muchas veces al interior de la Iglesia observamos más apóstoles que discípulos. Gran parte de ellos asumen liderazgos poco fecundos y escasamente colaborativos. Así vamos años.
Necesitamos formar nuevos liderazgos profundamente enamorados de su fe y con una gran pasión por la alegría del Evangelio. Acá no caben los tibios.
Nos hace falta dejar los espacios físicos que nos encierran en nuestras falsas seguridades y debemos “primerear” en el anuncio del kerygma. Por eso no podemos dejar que las cosas sigan igual, nos dice el PP Francisco.
La pandemia del covid-19 supuso – y aún lo estamos viviendo – bastante sufrimiento para la humanidad. Lo más seguro es que dejará una marca en muchos corazones que perdieron a sus seres queridos, pero también nos mostró más oportunidades para la nueva evangelización que el continente digital nos ofrece.
Debemos adecuarnos a las nuevas herramientas que el marketing digital ofrece donde los procesos formativos son más asequibles y sencillos de aplicar, sin embargo, exige nuevas competencias digitales que los evangelizadores de la era digital necesariamente debemos asumir.

Esperemos que en esta nueva etapa de evangelización en el tercer milenio puedas acompañarnos y multiplicar las posibilidades de llegar a más personas y sus familias para que el mensaje de esperanza del evangelio impregne la vida de las personas.
Si estás interesado en este proceso formativo te invitamos a unirte a nuestro grupo de telegram (haz clic en el icono).

