Estamos a unos días para el inicio de la Asamblea Eclesial de Latinoamérica y el Caribe (21 al 28 de noviembre de 2021), será un acontecimiento de gran trascendencia para nuestra Iglesia cuyo propósito es:
«Como discípulos misioneros, reunidos sinodalmente en la 1ª Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, haremos memoria de lo acontecido en la V Conferencia General en Aparecida, y mirando contemplativamente nuestra realidad con sus desafíos, reavivaremos nuestro compromiso pastoral para que, en Jesucristo, nuestros pueblos tengan una vida plena en y por los nuevos caminos hacia el 2031+2033«.
Lamentablemente este acontecimiento está pasando muy desapercibido por gran parte de la población católica y de la sociedad en su conjunto.
Hace unos meses atrás se inició el proceso de escucha en todas la iglesias de Latinoamérica con una serie de actividades que las diócesis desarrollaron; se pudo observar cierto movimiento al interior de algunas iglesias, sobre todo en las instituciones, pero a nivel parroquial la respuesta fue escasa y a nivel laical aún más. En las parroquias no se observaron grandes movimientos, en las misas casi no se mencionaron – ni se mencionan – sobre dicho evento por lo que la feligresía no logró enterarse.
Lo que sí se pudo observar es el movimiento en la página oficial de la Asamblea Eclesial. Se informa que aproximadamente 65 mil personas lograron participar en el proceso de escucha bajo esta modalidad, a ello debemos sumar los informes que enviaron las respectivas conferencias episcopales.
No es nuevo que eventos de esta naturaleza sean tan poco visibles a nivel de las propias iglesias por lo que no se puede esperar mucho de la sociedad en su conjunto.
Ciertamente el contexto de pandemia no ha favorecido la debida publicidad que generalmente suele realizarse en formato de afiches y volantes, a esto debemos sumar la poca participación de los laicos en las misas dominicales y en las actividades de las parroquias.
Muchos grupos y movimientos eclesiales recién volvìan a la «nueva normalidad» en sus parroquias, lo cual ciertamente no favoreció la debida acogida de la Asamblea Eclesial.
El movimiento más grande se dió a nivel digital. La era digital llegó con fuerza y llegó para quedarse.
El tiempo de pandemia la mayoría de nuestras poblaciones en latinoamérica ha recurrido al internet para realizar sus actividades, desde una simple consulta hasta la compra de bienes y servicios. El móvil o celular se volvió en el amigo inseparable de las personas lo cual generó una mayor interactividad entre las personas y los grupos que ciertamente también favoreció a nuestras iglesias y parroquias.
Así, muchos grupos y movimientos eclesiales, a falta de disposición de salones en sus parroquias – debido al cierre – tuvieron que recurrir a celebraciones virtuales, esto supuso una verdadera novedad y un paso importante para que las iglesias inicien la virtualización de sus actividades, sobretodo con el uso de los grupos de whatsApp y las misas via facebook, algo que nunca se hizo en la gran mayoría de nuestras iglesias.
Por lo tanto podríamos afirmar que la mejor manera de llegar a los parroquianos era a través del celular, pero presentaba un pequeño conflicto: no se contaba con bases de datos de los feligreses.
Si bien los grupos parroquiales estaban organizados y supieron adecuarse a la virtualidad, los feligreses, sobre todo de la misa de domingo, no.
Otro factor que complicó aún más la situación es la falta de formación de los feligreses. Para la gran mayoría Asamblea Eclesial es una palabra extraña que a primera vista no dice nada. Si en este momento se hiciera una encuesta, salimos a la calle y comenzamos a consultar, nos llevaríamos una gran decepción y es que eventos como la Asamblea Eclesial sólo las conocen quienes están en el medio: los obispos, los sacerdotes, los religiosos y religiosas y los laicos comprometidos, esto nos da una voz de alerta para que no descuidemos la comunicación en el futuro.
Si bien es cierto que gran parte de nuestros pueblos Latinoamericanos se declaran creyentes y católicos, los tenemos descuidados en cuanto a formación y comunicación, entre otros aspectos.
La Asamblea Eclesial ya está en marcha, debido a la pandemia la participación presencial será mínima, pero existe la posibilidad, única en la historia de la Iglesia, de participar virtualmente, de tal manera que nadie quede al márgen.
Tenemos grandes esperanzas que este acontecimiento eclesial sea un nuevo kairós para la Iglesia en vista a los grandes retos que tenemos para iglesia del tercer milenio.
Di deseas descargar el programa de la Asamblea Eclesial puedes hacer clic en este enlace

