
La celebración del misterio cristiano está llena de simbología que constantemente nos está hablando de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Ives Congar en su libro sobre el Espíritu Santo hablando sobre la epíclesis sostiene lo siguiente:
La reflexión teológica de la Tradición de la Iglesia ha acuñado este concepto a su terminología teológica con la finalidad de designar la invocación del Espíritu Santo sobre los dones del pan y del vino para que los transforme en el cuerpo y sangre de Cristo.
El sustantivo epíclesis no aparece en el Nuevo Testamento, donde sí se encuentra la forma verbal es en algunos pasajes de Hechos de los Apóstoles y en algunas epístolas de San Pablo. Allí se habla de invocar el nombre de Dios o de Cristo: “A los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invoquen el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos” (1Cor 1, 2). “Todo el que invoque el nombre de Dios se salvará” (Hch 2, 21), “Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre” (Hch 22, 16).
Tampoco lo encontramos en los Padres Apostólicos. Aparece por primera vez en san Ireneo: “Porque así como el pan, que es de la tierra, recibiendo la invocación (epíclesis) de Dios, ya no es pan ordinario, sino eucaristía. Así también nuestros cuerpos, al recibir la eucaristía, ya no son corruptibles, sino que participan de la resurrección”.
Epíclesis, entonces, viene a designar aquella invocación del Espíritu Santo que encontramos en numerosas liturgias eucarísticas de la antigüedad.
¿Qué nos dice el Catecismo?
Uno de esos momentos de gran relevancia para nuestra fe es la la Epíclesis («invocación sobre») es la intercesión mediante la cual el sacerdote suplica al Padre que envíe el Espíritu santificador para que las ofrendas se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y para que los fieles, al recibirlos, se conviertan ellos mismos en ofrenda viva para Dios (CIC 1105).
Junto con la Anámnesis, la epíclesis es el centro de toda celebración sacramental, y muy particularmente de la Eucaristía:
«Preguntas cómo el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo y el vino […] en Sangre de Cristo. Te respondo: el Espíritu Santo irrumpe y realiza aquello que sobrepasa toda palabra y todo pensamiento […] Que te baste oír que es por la acción del Espíritu Santo, de igual modo que gracias a la Santísima Virgen y al mismo Espíritu, el Señor, por sí mismo y en sí mismo, asumió la carne humana» (San Juan Damasceno) (CIC 1106)

¿Cómo se realiza esta conversión del pan y del vino en el cuerpo y la sangre del Señor?
El sacerdote, antes de la consagración extiende las manos sobres las ofrendas del pan y del vino pidiendo al Padre envíe al Espíritu Santo para que transforme ese pan y ese vino en el cuerpo y la sangre del Señor Jesús. Ante tal misterio, los fieles acompañan poniéndose de rodilla o si se está de pie bajando la mirada en signo de adoración.
Pero es importante conocer que no es la única epíclesis de la misa, existe otro momento y se da una vez concluida la consagración donde se pide al Espíritu Santo sobre la asamblea de los fieles. Es la imploración antes de la comunión para que el Espíritu Santo descienda sobre los comulgantes que, sin esa efusión, no serían dignos de acceder al sacramento.
Por eso nos dice el Catecismo No. 1109: La Epíclesis es también oración por el pleno efecto de la comunión de la asamblea con el Misterio de Cristo. «La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo» (2 Co 13,13) deben permanecer siempre con nosotros y dar frutos más allá de la celebración eucarística.

La Iglesia, por tanto, pide al Padre que envíe el Espíritu Santo para que haga de la vida de los fieles una ofrenda viva a Dios mediante la transformación espiritual a imagen de Cristo, la preocupación por la unidad de la Iglesia y la participación en su misión por el testimonio y el servicio de la caridad.
Sin la acción del Espíritu Santo sería imposible creer y esto sucede con nuestros hermanos separados que no creen en la presencia real de Cristo en la eucaristía y la denigran constantemente.
No seamos incrédulos, sino hombres y mujeres de fe como lo dijo Cristo a Tomás: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!». (Jn 20,29).

La epíclesis no es propia de la misa. ¿Cuáles son los otros momentos en los que se invoca al Espíritu Santo? Lo veremos en nuestro próximo artículo, ¡esperalo!


Muchas gracias por la información, así se sigue aprendiendo, cada vez más.
Sugiero, sigan enviando más información… Paz y Bien
Gracias Clara, Dios mediante así lo haremos.
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Excelente y educativa información, muchas gracias.
Gracias por tu comentario Ronald.