La grandeza del ser humano no deja de sorprender, ahora el ojo humano ha roto, una vez más, la frontera del tiempo y del espacio.
A través del telescopio espacial James Webb ubicado a 1,5 millones de kilómetros de la tierra, pudimos viajar 13.500 años atrás en el tiempo y extraer impactantes imágenes a todo color donde se nos muestra lejanas galaxias que atesoran, según los expertos, indicios del origen del universo.
Esta búsqueda no es algo nuevo; el hombre siempre se preguntó, y aún hoy lo hace, sobre el origen de las cosas; la pregunta sobre ¿quién soy yo? ¿de dónde vengo? ¿A dónde voy? siempre nos perseguirán y este ímpetu de conseguir las respuestas nos llevaron a este gran momento de la historia del hombre.

Seguramente Copérnico y Galileo estarían fascinados de lo que la inventiva humana logró conseguir en estos últimos siglos, sobre todo en estos últimos cincuenta años.
Muchos pensaban que la carrera espacial se había detenido después de la llegada del hombre a la luna, pero la realidad nos muestra otra faceta científica, mucho más elaborada, así por ejemplo, la construcción del laboratorio espacial James Webb llevó aproximadamente diez años y una inversión millonaria. Esto nos muestra que la humanidad ha entrado en una nueva etapa espacial marcada por unos avances científicos de gran envergadura que nos llevarán muy lejos y varios son los países que han iniciado la carrera espacial.

Evocando a la película de ligthyear, podríamos decir “al infinito y más allá”, más allá del ojo humano, más allá de nuestra historia, más allá del tiempo y del espacio tal y como lo conocemos y la concebimos, pero,¿que encontraremos? o ¿con qué nos encontraremos?
No son preguntas sencillas de responder.
La imaginación nos lleva por diversos senderos, tratando de visualizar qué podríamos hallar, pero me atrevo a afirmar que esto no sucederá en el corto y mediano plazo, pero a largo plazo nuestros descendientes sí serán testigos de los grandes avances tecnológico – espaciales de la humanidad, mientras tanto existen serios proyectos para colonizar la Luna y desde allí dar el gran salto a Marte.
Precisamente mañana lunes 29 de agosto de 2022 se lanzará la misión Artemis I con su nave espacial Orion que buscará probar la presencia humana en la Luna a largo plazo y desde allí realizar los viajes espaciales.

Mientras esto sucede, nos maravillamos con los nuevos descubrimientos de la ciencia que nos hace ver la grandeza humana y que podamos expresar con las palabras del salmo 8: “Oh Señor nuestro Dios, qué admirable es tu nombre en toda la tierra, tu nombre, hasta el cielo se eleva tu amor”.
Este salmo expresa la grandeza divina, pero también expresa la grandeza humana, dice el salmista, creaste al hombre poco inferior a los ángeles, de gloria y honor lo has coronado, todo lo has sometido bajo sus pies.
Decía al respecto San Juan Pablo II: Este himno es, de hecho, una celebración del hombre, pequeña criatura comparada con la inmensidad del universo, una frágil «caña», utilizando una famosa imagen del gran filósofo Blaise Pascal («Pensamientos», n. 264). Y, sin embargo, es una «caña que piensa», que puede comprender la creación, por ser señor de lo creado, «coronado» por el mismo Dios (Cf. Salmo 8, 6). Como sucede con frecuencia en los himnos que exaltan al Creador, el Salmo 8 comienza y termina con una solemne antífona dirigida al Señor, cuya magnificencia es diseminada por el universo: «Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra» (versículos 2.10). (Audiencia miércoles 26 de junio de 2022)
Hoy, el universo entero está a nuestros pies. Con el telescopio James Webb hemos viajado a donde nadie más lo hizo, tan solo nuestra inventiva, nuestra genialidad, nuestro deseo de eternidad para conocer el origen del universo, así conocer nuestro origen, a pesar de ello nuestra grandeza no ha disminuido, sino todo lo contrario, la grandeza humana se ha mostrado en su máxima expresión.

Al respecto decía San Pablo VI: «El hombre…, en esta empresa, nos parece un gigante. Nos parece divino, no en sí mismo, sino en su principio y en su destino. Honor, por tanto, al hombre, honor a su dignidad, a su espíritu, a su vida».(Mensaje pronunciado en 1969 a los astronautas en su viaje a la Luna)
¡Que esta grandeza no nos quite la idea de Dios!
Al ver las primeras imágenes del James Webb, fue como apreciar un gran mural en fondo negro donde los colores compiten entre sí para mostrarse bellas a nuestros ojos, una belleza que estaba esperando ser descubierta por y para nosotros, y esa belleza cósmica habla por sí mismo y me trajo a la mente y al corazón lo que nos dice el Catecismo citando a San Agustín: Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo…interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es su proclamación. Éstas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza, no sujeta a cambio?

La vida humana está rodeada de belleza, es más, somos bellos por naturaleza porque fuimos creados por la suma belleza que es Dios, pero por las imágenes compartidas por webb, podemos apreciar que esta belleza sobrepasa el tiempo y el espacio, es una constante, es un lenguaje que solamente el hombre la puede comprender. La belleza nos sorprende, ¡qué importante es dejarse sorprender por lo bello! (Papa Francisco)

En las diversas intervenciones de los astrofísicos, casi por unanimidad, todos expresaban con asombro la belleza que webb ponía frente a nuestros ojos y que hoy cada uno de nosotros decir con palabras de Simeón: ahora Señor puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. (Lc 2, 29-32)
En esta hora histórica de la humanidad, Simeón somos tú y yo. La salvación hecha por Dios a través de Jesucristo llena nuestras vidas, nuestra vida ya está colmada, pero Dios en su divina providencia nos regala momentos únicos, históricos como poder apreciar ese gran mosaico negro lleno de luces que es el espacio cósmico, pero no solo eso, sino también el espacio profundo que a simple vista no es posible verlo, pero gracias a nuestra inventiva tenemos acceso a ella.
Para nuesra fe, el negro eboca la muerte, pero lo que pudimos apreciar en el espacio cósmico profundo mostrado por webb, también eboca la vida, por supuesto no una vida tal y como la concebimos en la tierra, sino la vida sobrenatural a la que estamos llamados todos y que Cristo nos dejó en herencia.

Estamos hechos para el cielo, ese es el lugar que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros y porque no, divisar el espacio profundo es divisar la eternidad.
¡Estamos llamados para la eternidad!
¡Nos hiciste para Tí y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en tí! Con estas palabras se dirigió a Dios San Agustín y en estas palabras está la síntesis de toda su vida (homilía del Papa Francisco el 28 de agosto de 2013).
San Agustín era un buscador de la verdad, también hoy el hombre del siglo XXI se encuentra en esta búsqueda constante; lo quiere ver – como a tientas lo busca – sólo a través de la razón natural y la ciencia, y se equivoca, una y otra vez, pero existe otro nivel de conocimiento, el que sí nos permite ver a Dios: la fe.
En el icono del Cristo Pantocrator del pintor Franscisco Arguello nos muestra a Cristo encima del mundo representado con el color azul y el cosmos representado en color negro, lo cual nos indica que Cristo, el sol que nace de lo alto es Señor, el Kirios que gobierna el mundo y el cosmos, por lo tanto el cosmos, el espacio profundo no queda del todo sujeto a la oscuridad, sino que encima de ella o en medio de ella está la luz que nace de lo alto, esta luz es Cristo Jesús.

Toda nuestra vida se mueve en este balance entre muerte y vida, estamos sometidos a ella, nos lo recordará San Pablo, pero no destinados a ella, y salimos victoriosos de la muerte porque el autor de la vida no está muerto, sino que ha resucitado y vive eternamente.
El espacio y el tiempo son y serán las nuevas fronteras a conquistar. Este viaje nos llevará a lugares inimaginables hasta hace algunas décadas atrás. Nos llevará al futuro, sí, pero también viajaremos al pasado, tal vez no como nos lo muestran las películas de ciencia ficción, pero James webb nos ha dado un pequeño “gran” avance que nos permite leer la historia del universo y con ella escudriñar nuestra historia.


Me confunden mucho las diferencias entre las que se dice y lo que se hace. Aún leyendo a San Agustín.
Hola Angela, gracias por tu comentario. Efectivamente, la ciencia no logra armonizar con la fe, pero lo importante es la mirada que el hombre de fe tenga sobre estos eventos científicos, en ese sentido San Agustín es una ayuda que nos permite comprender la presencia de Dios en la belleza de la creación, en este caso el universo. Saludos.