
Con la fiesta de Pentecostés concluye el tiempo pascual. Han transcurrido 50 días según lo prescrito por la ley. En el mundo Judio, la fiesta de Pentecostés hace referencia a una fiesta agrícola: la fiesta de la ciega donde se ofrecía a Dios las primicias de la cosecha. (Ex 23,16)
Esta fiesta de la ciega se la celebraba cincuenta días después de la fiesta de los tabernáculos, además toma otra connotación importante, se la menciona como la fiesta de las semanas, veamos lo que nos dice el Deuteronomio:
Contarás siete semanas. Cuando la hoz comience a segar las espigas, entonces comenzarás a contar esas siete semanas. Y celebrarás en honor de Yahvé tu Dios la fiesta de las Semanas, con la ofrenda voluntaria que haga tu mano, según Yahvé Dios te bendiga. Te regocijarás en presencia de Yahvé tu Dios, en el lugar elegido por Yahvé tu Dios para hacer habitar su nombre: tú, tu hijo, tu hija, tu siervo y tu sierva, el levita establecido en tu ciudad, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en medio de ti. Te acordarás de que fuiste siervo en el país de Egipto y observarás estas leyes para ponerlas en práctica. (Dt. 16, 9-12)
La simbología de los números es muy importante. Siete veces siete días más uno (cincuenta días) constituyen un símbolo de plenitud que hace referencia al Jubileo, al origen del año sabático, así como la prehistoria del domingo (el octavo día) (fuente: mercaba.org)
Pero, también la fiesta de Pentecostés hace referencia a un gran acontecimiento en la historia de la salvación: La Alianza en el Sinaí.
Con la fiesta de Pentecostés se sella definitivamente la nueva Alianza, ya no escrita en piedras sino en los corazones, como lo dirá el salmista evocando a Ezequiel (Ez 36,24-28):
OS TOMARÉ DE ENTRE LAS NACIONES,
OS REUNIRÉ DE TODOS LOS PUEBLOS
OS ROCIARÉ CON AGUA PURA,
Y YO OS PURIFICARÉ.
Os daré, un corazón nuevo,
infundiré en vosotros un espíritu nuevo,
Reos quitaré el corazón de piedra,
os daré un corazón de carne.
Pondré mi Espíritu dentro de vosotros,
y haré que caminéis según mi Palabra;
vosotros seréis mi Pueblo,
y yo seré vuestro Dios.
Con todo, podemos decir que la fiesta de Pentecostés es la culminación de la Pascua. En la Pascua Cristo recibe el Espíritu de Dios que lo resucitó y glorificó y así inaugura para nosotros un tiempo nuevo, el tiempo de los hijos de Dios.
Ahora con la acción del Espíritu Santo también nosotros somos resucitados con Él y estamos sujetos a nueva ley, no la que nos lleva a la muerte, sino aquella que proviene del espíritu de Dios y que nos hace vivir en la libertad de los hijos de Dios.
Ahora comparto este video que es una homilía de Pentecostés hecha por el Papa emérito
Benedicto XVI el 23 de mayo de 2010.

