De las celebraciones litúrgicas anuales, la navidad es la mejor de todas, por eso esta fiesta importante sin el himno del Gloria es una navidad sin alegría. La celebración navideña está precedida de luces y colores, llegadas y despedidas, besos y abrazos, risas y alegrías y todo en un ambiente festivo.
Las familias preparan lo mejor para vivir y celebrar la noche buena donde la pandemia no nos ha quitado la alegría de la vida.
El mundo secular se alegra y celebra la navidad a su manera, muchas veces acompañada de excesos, sobre todo en la compra de regalos.
Pero desde la fe, la celebración de la navidad siempre toma otro aspecto que viene precedido del adviento y del armado del pesebre navideño adornado con los mejores adornos que cada familia en su inventiva suele aplicar.
Pero el centro de la celebración navideña es la misa de noche buena también conocida como misa de gallo donde las familias suelen llevar las figuras del pesebre como son: José y María y el niño Jesús para ser bendecidos y que oigan la misa, hermosa tradición.
Generalmente la misa suele realizarse a la medianoche, pero este año 2021 muchas celebraciones se realizaron un poco más temprano: 5 – 6 – 7 y 8pm y alguna como el que asistimos en familia a hrs. 10pm y en todas ellas siguiendo las normativas de bioseguridad que no permite un aforo completo de los templos y capillas.
La celebración de la misa navideña tiene algunas peculiaridades propias que la hacen única, por ejemplo la entonación de la calenda de navidad (suprimida en muchas celebraciones de noche buena), un precioso himno evangelizador que hace referencia a la historia de la salvación que culmina con el nacimiento del Salvador.
Un segundo momento importante es la entonación del himno del gloria que en el adviento y la cuaresma es suprimida (IGMR 53) y que ahora se la canta con toda su potencia y es que este hermoso himno fue recuperado por la liturgia romana en el siglo IV e incorporado en la eucaristía para la celebración de la noche buena.
Al templo que asistimos – mi familia y yo -muchas sorpresas nos llevamos en la celebración de Noche buena.
Es bien sabido, que los sacerdotes imponen su impronta en sus celebraciones eucarísticas, es así que nos vamos a encontrar con variadas “formas” de celebrar la eucaristía; así tenemos a los que son bastante rígidos, algunos los llaman “tradicionalistas”, también están aquellos que permiten todo tipo de adiciones a la eucaristía, a estos algunos los llaman “liberales” y están aquellos que no son rígidos, pero permiten la adición de ciertos elementos a la celebración eucarística.
¿De qué dependen estas variaciones? No es una pregunta sencilla de responder, mucha tinta ha corrido al respecto, esperemos que el camino sinodal nos ayude a clarificar estas reflexiones.
Pero estas variaciones y/o adiciones en la celebración eucarística se vienen dando desde hace bastantes años atrás, no solo en la Iglesia Boliviana sino que es algo que se repite en casi todos los países donde la Iglesia católica tiene presencia, por lo tanto no es algo nuevo que deba sorprender, pero sí sorprende cuando se observa que existe bastante silencio al respecto.

Otro aspecto no menos interesante es la conformidad de la población católica en general mientras no le falte la eucaristía, eso pudimos observar anoche. La gente no sabía cuándo estar de pie y cuando sentarse (falta de formación litúrgica), tampoco el celebrante hacía indicación alguna, estuvimos librados a nuestra suerte.
Ya la supresión del himno del gloria en la celebración de noche buena nos puso en alerta. La supresión de las moniciones a las lecturas, la supresión de algun signo que exprese la paz, a pesar de ello la gente se dió forma de expresar la paz. Al parecer el miedo a la muerte está más presente en algunos sacerdotes que en el pueblo de Dios.

La fe del pueblo de Dios (sensus fidei) es más grande que estos olvidos, gracias a Dios.
Otro detalle no menos importante es la armonía de la música en la liturgia, esta armonía implica que el pueblo esté inmerso en el canto – no solo los cantores deben cantar, el pueblo es quien debe cantar- y con ella se haga un solo corazón como una sola es la fe.
No es el ruido de los instrumentos lo que hace bella una celebración, sino la armonía de las voces de un pueblo que canta.
La celebración eucarística es la primera y la más importante forma de evangelización que tiene la Iglesia católica, por eso la Iglesia siempre está en un estado constante del anuncio de la Buena Noticia, el kerygma, por tal razón no se la puede dejar a la improvisación.
La eucaristía es el centro y eje de la vida cristiana, necesita ser celebrada tal como indica el magisterio de la iglesia, no es necesario quitar ni adicionar elementos extraños, la esencia está en el misterio que se celebra y que siempre supera los limitados conocimientos humanos.
El himno del Gloria es la expresión de un pueblo en fiesta, es la respuesta a la alegría del nacimiento del Salvador y con ella nos abre la puerta al tiempo de la navidad que concluye con el bautismo del Señor.
Una navidad sin gloria es una navidad sin alegría, aún cuando expresemos lo contrario. En la liturgia eucarística todo cobra sentido, todo habla por sí mismo, por eso los signos y los gestos son muy importantes, todas ellas evangelizan y abren la puerta a la esperanza cristiana.
Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.


Es muy lamentable no poder vivir las Eucaristías de Navidad, en otros países, y de Año Nuevo en Bolivia.
Sin embargo, cuánto bien nos hará el orar en familia, por todos los enfermos, del mundo entero, con covid; y con otras enfermedades, y problemas, por quienes están sin trabajo, por los huerfanos, l@s viud@s, y por quienes lloran a sus seres queridos que partieron hacia la patria celestial.